1. Desafiemos las normas y roles de género: Cuestionemos actitudes y estereotipos que perpetúan la desigualdad y la violencia, fomentando la igualdad entre hombres y mujeres.

  2. Promovamos la igualdad: Asegurémonos que mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades en todos los ámbitos, como educación, empleo y participación política.

  3. Creemos espacios seguros y libres de acoso: No es tolerable el acoso sexual en ninguna de sus formas y mantengamos un ambiente de respeto mutuo.

  4. Fomentemos el respeto del espacio personal: Evitemos el contacto físico no consensuado y respetemos el espacio personal de las mujeres, eliminando prácticas invasivas.

  5. Evitemos comentarios y piropos sexistas: No participemos en comentarios, chistes o burlas que cosifiquen o perpetúen la violencia de género.

  6. Enseñemos sobre el consentimiento: Hablemos de la importancia de comprender y respetar el consentimiento en todas las interacciones.

  7. Hablemos y denunciemos: Iniciar conversaciones sobre el tema y no dudar en señalar los casos de violencia de género y notificarlos a las autoridades competentes.

  8. Conozcamos los indicios de maltrato y apoyemos: Aprender a identificar las señales de violencia y ofrecer nuestro apoyo a quienes lo necesiten, demostrando solidaridad y respeto.

  9. No juzgar ni revictimizar: Si alguien nos cuenta su experiencia, confiemos en su relato y apoyémosla sin juzgarla. Ofrecer ayuda para que pueda empezar a vivir sin miedo.

  10. Seamos un agente de cambio: Transformémonos nosotros mismos para poder transformar el mundo que nos rodea, demostrando nuestra total oposición a la violencia contra las mujeres. 

Relaciones saludables y límites personales.

Las relaciones son una parte esencial de nuestra vida. Nos aportan compañía, apoyo, afecto y sentido de pertenencia. A través de ellas aprendemos, crecemos y encontramos consuelo en los momentos difíciles. Pero también pueden ser fuente de frustración, ansiedad o tristeza si se vuelven desequilibradas. Por eso, es importante aprender a reconocer y cuidar los vínculos saludables —y  poner límites cuando es necesario— es una herramienta fundamental para mantener nuestro bienestar emocional y mental.

¿Qué caracteriza a una relación saludable?

Una relación sana se construye sobre respeto mutuo, confianza, comunicación honesta y libertad personal. En ella, ambas personas se sienten seguras para ser ellas mismas, sin miedo al juicio o al rechazo. Se escucha, se valida y se acompaña, incluso en los desacuerdos.

Hay un equilibrio natural entre dar y recibir: no todo el tiempo se está bien ni se ofrece lo mismo, pero existe la voluntad de apoyarse mutuamente. Una relación saludable nos ayuda a crecer, no a limitarnos.

Algunos signos de una relación sana son:

  • Te sientes tranquilo/a y libre de ser tú mismo/a.
  • Puedes expresar tus opiniones sin miedo a que te ridiculicen.
  • Hay confianza y respeto por los espacios personales.
  • Ambos se esfuerzan por comunicarse y resolver conflictos.

Señales de una relación poco saludable

  • Te sientes cansado/a, confundido/a o culpable con frecuencia.
  • Hay críticas constantes, chantaje emocional o manipulación.
  • No puedes decir “no” sin sentir miedo o ansiedad.
  • Sientes que das mucho más de lo que recibes.
  • Percibes falta de respeto hacia tus decisiones, límites o tiempos.

Reconocer estas señales no significa que la relación deba terminar, sino que necesita ser revisada. A veces basta con establecer límites claros o cambiar la forma de comunicarse para recuperar el equilibrio.

Los límites personales: un acto de respeto y cuidado

Los límites personales son las líneas invisibles que delimitan quién soy, qué necesito y hasta dónde puedo llegar. Poner límites no es rechazar al otro, sino cuidarse y proteger la propia salud emocional.

Respetar los propios límites permite mantener la autonomía, evitar el desgaste y sostener relaciones más sinceras. A su vez, respetar los límites de los demás es una muestra de empatía y consideración.

Ejemplos de límites saludables:

  • “Prefiero no hablar de ese tema en este momento.”
  • “Necesito un rato a solas para calmarme.”
  • “No puedo hacer eso hoy, pero gracias por pensar en mí.”
  • “Me gustaría que me hablaras con respeto, incluso si estás molesto/a.”

Aprender a decir “no” sin culpa y “sí” con convicción es un signo de madurez emocional.

Claves para construir relaciones sanas

  1. Comunica con claridad y respeto. Expresa lo que sientes usando frases que hablen de ti (“Yo siento…”, “Yo necesito…”).
  2. Escucha de forma activa. No solo oír, sino intentar comprender al otro sin interrumpir ni juzgar.
  3. Acepta las diferencias. Cada persona tiene su historia, su ritmo y su manera de entender el mundo.
  4. Evita relaciones basadas en la culpa o la dependencia. El afecto no debería ser una forma de control.
  5. Cuida tu tiempo y tu energía. No puedes estar disponible siempre; es sano priorizar tu bienestar.
  6. Practica la empatía y la gratitud. Valora a quienes te respetan, te escuchan y te acompañan de verdad.

Relaciones y bienestar emocional

Las relaciones saludables son un pilar fundamental de la salud mental. Nos ayudan a regular nuestras emociones, a sentirnos valiosos y a sobrellevar los momentos difíciles. Cuando nuestras relaciones son positivas, mejoran la autoestima, la estabilidad emocional y la sensación de pertenencia.

Por el contrario, las relaciones tóxicas o desequilibradas pueden generar ansiedad, tristeza y sensación de soledad, incluso cuando estamos acompañados. Por eso, aprender a identificar lo que nos hace bien es también una forma de autocuidado.

Cuidar las relaciones es un proceso continuo que requiere paciencia, empatía y autoconocimiento. Poner límites no es alejarse, sino acercarse desde un lugar más sano y auténtico.
Recordemos que todos merecemos vínculos basados en la comprensión y el respeto, donde podamos ser quienes somos sin miedo.

          “Los buenos límites no levantan muros, sino que abren puertas hacia relaciones más libres y verdaderas.”

Sabemos que el sueño es muy importante para la salud física y mental, siempre hablamos de herramientas para poder tener un sueño reparador y, por tanto, una correcta higiene del mismo.

La Asociación AFEAM ha preparado un taller muy interesante sobre la importancia del sueño, con un profesional para tratar el tema con el máximo rigor.

 

Hay plazas limitadas presenciales, pero también existe la opción de conectarte por Zoom.

Toda la información en el siguiente enlace.

 

¡¡Aprovechad!!

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Se acabaron las vacaciones, toca volver a la rutina… ¡pero no todo es malo! Septiembre es una oportunidad genial para cuidarnos un poco más, recuperar buenos hábitos y sentirnos con más energía. No se trata de hacer cambios radicales, sino de pequeños gestos que, sumados, marcan la diferencia.

Os dejamos unos consejos pensados para acompañaros mañana, tarde y noche, como un plan de 24 horas para reencontrar nuestro equilibrio.

Por la mañana: empieza con buen pie

  • Despertarse con energía: olvídate de saltarte el desayuno. Un bol de fruta, un yogur o un par de tostadas integrales te darán el chute necesario para arrancar el día sin picos de azúcar.

  • Movamos el cuerpo: no hace falta ir al gimnasio a las 7 de la mañana. Con 10 minutos de estiramientos o una caminata rápida basta para despejarte y activar la circulación.

  • Organizarse sin estrés: dedica unos minutos a revisar tu agenda. Saber qué tienes por delante quita presión y te ayuda a priorizar lo importante.

A mediodía y tarde: mantén el equilibrio

  • Comidas completas pero ligeras: combina verduras, proteína y un buen carbohidrato. Así evitas el bajón post-comida y llegas a la tarde con energía.

  • Snacks inteligentes: si a media tarde te entra hambre, recurre a frutos secos, fruta o yogur natural. Son rápidos, fáciles y te mantienen saciado.

  • Nos movemos un poco: si pasas mucho tiempo sentado, haz pausas cada par de horas. Unos estiramientos o levantarte a por agua ya marcan la diferencia.

  • Entrena sin presión: septiembre no es para machacarse. Empieza suave: caminar, bici, yoga… Lo importante es volver a coger ritmo, ya habrá tiempo de subir la intensidad.

Por la noche: prepara el descanso

  • Cenas ligera y sin prisas: evita comidas muy pesadas. Una crema de verduras, pescado o algo de huevo con verduras es perfecto para irte a la cama ligero.

  • Baja revoluciones: intenta desconectar de pantallas al menos 30 minutos antes de dormir. Prueba a leer, escuchar música suave o simplemente relajarte.

  • Rutina de sueño: acuéstate más o menos a la misma hora todos los días. Tu cuerpo agradece esa regularidad y te despertarás con más energía.

 Y Recuerda… no hace falta hacerlo todo perfecto ni de golpe. Es importante empezar con pequeños pasos y darnos tiempo. Septiembre es solo el comienzo… ¡y tenemos un montón de días por delante para cuidarnos!

Los libros son para el verano…bueno, realmente no, sin embargo, el verano que es la época que nos atañe, puede ser un buen momento para retomar la lectura, descubrir nuevas historias y hacer más llevadero las duras horas del calor estival.

Un libro es un buen compañero tanto en los densos viajes, como en las esperas, sin olvidar, los ratos de sombra antes de darse un chapuzón en dónde le corresponda a cada cuál.

Por aquí os dejamos dos listas, una, de aquellos libros que se consideran de lectura obligatoria y otra, de recomendaciones de nuestros lectores de «culturetas».

Esperamos que encontréis vuestro compañero de viaje. ¡Feliz verano!

 

 

 

 

¿Qué implica hacer dieta?

Seguro que más de una vez os habéis hecho esta pregunta y lo más probable es que respondáis: restricción o pérdida de peso.

Pues sentimos deciros que estáis equivocados, y esta entrada viene con la intención de romper muchas creencias a cerca de lo que implica hacer dieta y recalcar que el peso, no es el único indicador fiable para valorar un proceso de cambio de hábitos alimentarios y estilo de vida saludable. Sí has leído bien, no lo es.

Vamos un poco a la raíz, la palabra dieta proviene del griego “dayta”, que significa régimen o estilo de vida. Por lo tanto, la palabra dieta no se asocia ni es sinónimo de adelgazar o perder peso aunque sea algo que esté en el pensamiento popular. Simplemente, se trata de un estilo de vida saludable y equilibrado.

En el caso de que tu objetivo de cambio de hábitos sea bajar peso, te recordamos lo siguiente: el peso no es un indicador fiable. Nuestro peso corporal, es la suma de todos los tejidos del cuerpo (masa grasa, músculo, agua, huesos) y es considerado una medida antropométrica tradicional junto a la talla. Además, depende de muchos factores como:

  • Presencia de inflamación por problemas digestivos o intolerancias alimentarias entre otras.
  • Fase del ciclo menstrual.
  • Horario de pesaje: mañana, tarde, noche (cuánto más tarde, mayor peso).
  • Práctica o no de actividad física.
  • Ingesta de alcohol o tóxicos.
  • Gestión del estrés.
  • Hinchazón o distensión abdominal.
  • Hidratación (hidratado, deshidratado, cantidad de agua bebida a lo largo del día).

Para valorar tu proceso de cambio hacia un estilo de vida más saludable recuerda que el músculo pesa más que la grasa.

Entonces, sí el peso no es un indicador fiable, ¿Cómo sé que estoy mejorando mi dieta?  Anota los siguientes signos:

  • Mejora tu tránsito intestinal y tus digestiones,  sintiéndote sin tanta pesadez.
  • Disfrutas de las comidas y comes más despacio.
  • Incluyes más frutas y verduras.
  • Haces platos variados con diferentes tipos de alimentos, hidratos de carbono, proteínas, grasas saludables, verduras, etc.
  • Planificas las comidas, cocinas de forma más saludable y sigues un horario.
  • Te alimentas desde el autocuidado y no desde el control, culpa o castigo.
  • Reduces la ansiedad por comer.
  • Te sientes con energía.
  • Realizas más actividad física y el deporte te sirve como forma de cuidarse y desconectar.
  • Te hidratas mejor.
  • Medidas y contornos antropométricos (pérdida de abdomen, mayor cintura, me sirve ropa que antes me estaba muy ajustada, etc)

No se trata de una dieta, sino reeducación nutricional.

Probablemente si te hubiéramos preguntado antes de leer esto ¿Qué  es para ti hacer dieta? habrías dicho que es llevar una alimentación destinada a perder peso, restrictiva, temporal y con resultados rápidos y lineales. Pues nada más lejos de la realidad, pues como ya has visto, hacer una dieta es seguir un estilo de vida saludable a través de la educación nutricional.  La educación alimentaria y nutricional se puede definir como el proceso a través del cual se enseña a incorporar voluntariamente hábitos alimentarios y estilos de vida saludables. Y este aprendizaje está muy lejos de lo que conocemos como «las dietas rápidas». Estas se plantean con el objetivo de perder peso o adelgazar lo más rápido posible, pero no llevan consigo una necesidad fundamental, que es la de cambiar los hábitos de vida necesarios para que luego se pueda mantener el peso logrado. Por eso, no recomendamos seguir dietas rápidas sino un estilo de vida saludable que ayude a mejorar tu salud a largo plazo, ya que se puede bajar de peso siguiendo una alimentación hipocalórica acorde a tus gustos y preferencias alimentarias sin necesidad de hacer muchas restricciones o evitando grupos de alimentos como pueden ser los carbohidrato. Por otro lado, es importantísimo ajustar expectativas.  Terminar satisfecho con los resultados depende de tus expectativas. Es importante que entiendas que no se trata de un proceso lineal ni que siempre se darán las mismas circunstancias. Hay factores que pueden  alterar el peso (ciclo menstrual, hora de pesaje, hidratación) pero también  situaciones o compromisos (navidades, vacaciones, sedentarismo, estado de ánimo, tiempo…). Y para terminar, llevar a cabo dietas muy restrictivas ocasiona desde el punto de vista psicológico, conlleva un gran impacto emocional: la restricción y la rápida bajada de peso puede ocasionar posibles atracones, comer emocional y compulsivo y por ende, este descontrol dar lugar al hipercontrol; generando así sentimientos de ansiedad, frustración, culpa y malestar.

Empezar un estilo de vida saludable no es algo fácil ni tampoco rápido, es un proceso de transición y aprendizaje por lo que debes tener calma. Durante un proceso de cambio de hábitos experimentarás muchas emociones y sentimientos y entenderás que las recaídas y la aceptación también forman parte de él. No pongas en el peso, el peso de tu cuidado, si no en cómo te sientes con los cambios que has incorporado. 

 

Como todos los veranos, este año nos veremos expuestos a las altas temperaturas, para ello os ofrecemos algunas indicaciones y consejos para sobrellevar de mejor forma el calor del verano.

Consejos para hacer frente al calor:
  • Mantenernos hidratados:
    Bebe agua regularmente, incluso si no sientes sed. Evita las bebidas con cafeína, alcohol y azúcar, ya que pueden deshidratarte. 

  • Evitar la exposición prolongada al sol:
    Busca sombra, especialmente durante las horas de mayor intensidad solar (de 11:00 a 17:00 horas). Utiliza crema solar, sombrero y gafas de sol. 

  • Utilizar ropa adecuada:
    Viste ropa ligera, holgada y de colores claros. Las telas naturales, como el algodón, ayudan a mantenerte fresco. 

  • Refréscate:
    Toma duchas o baños fríos, o utiliza toallas humedecidas para bajar la temperatura corporal. 

  • Comer ligero:
    Evita comidas copiosas y opta por frutas, verduras y ensaladas que te ayuden a reponer líquidos y sales minerales. 

  • Mantener nuestra casa fresca:
    Cierra cortinas y persianas durante el día para evitar que entre calor, ventila durante las horas más frescas y utiliza ventiladores. 

  • Atención a los síntomas de deshidratación:
    Si sientes mareos, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, calambres o sudoración excesiva, descansa y busca atención médica si es necesario. 

Llegar a la etapa de madurez supone en muchos casos, aceptar cambios a todos los niveles, corporales, emocionales, relacionales y de ocupación, pero hay recomendaciones que te ayudarán a llevar este proceso de una mejor manera.

 

Aliméntate bien. Una dieta variada y equilibrada es fundamental. Las frutas y las verduras son nuestros mejores aliados. Por el contrario los alimentos grasos y el azúcar, deben tomarse con moderación, así como, el tabaco y el consumo abusivo de alcohol claramente no son unos grandes aliados. 

Cuida de tu cuerpo. Hazte revisiones médicas periódicas para un mantenimiento óptimo de la salud.

Cuida de tu mente. Mantén tu cerebro activo, evita en la mayor medida posible situaciones de estrés, o en todo caso aprende a controlarlas. Ten una actitud positiva y optimista frente a la vida. Intenta dormir entre 7-9 horas al día, no dormir favorece el estar más irritable, fallos de memoria y mayor posibilidad de sufrir accidentes.

¿Qué hacer para mejorar la calidad del sueño?

  • Mantener un horario regular para dormir.
  • Evite tomar siestas al final del día, ya que esto puede mantenerlo despierto por la noche.
  • El ejercicio también puede ayudarle a dormir mejor, mientras no lo haga demasiado cerca de la hora de acostarse.

Ejercicio físico. Realizar actividad física de forma moderada y de manera constante favorecerá nuestra movilidad a largo plazo. Los paseos diarios son una de las mejores actividades, siempre respetando la capacidad de cada uno. Un estudio con adultos mayores de 40 años reveló que dar 8,000 pasos o más al día, en comparación con solo 4,000 pasos, se relacionó con un 51% menos de riesgo de muerte. Tener un buen nivel de ejercicio físico favorecerá la prevención de la diabetes, mantener la masa muscular, controlar la hipertensión y el peso excesivo. Puedes aumentar la cantidad de pasos cada día haciendo actividades que mantengan tu cuerpo en movimiento, con un paseo enérgico y usar las escaleras en lugar del ascensor.

Cuidar la casa y adaptarla. De la misma manera que realizamos cambios en casa con la llegada de un bebé, con la llegada de la vejez también podemos realizar pequeños cambios en casa. Cambiar la bañera por un plato de ducha o adaptar las alturas de electrodomésticos como la lavadora puede prevenir lesiones musculares por malas posturas.

Relacionarse. Salir de casa, relacionarse, informarse, conocer cosas y personas nuevas ampliará nuestro círculo social. Visitar museos, ir al teatro o salir a cenar te ayudará a tener una actitud positiva y a tener aspiraciones.

Aceptar y disfrutar del puesto que se ocupa en la familia. Si tus hijos ya son mayores o estás jubilado, aprovéchalo. Ya no tienes que estar pendiente de todo, disfruta de este merecido descanso y aprovecha para hacer esa cosa que siempre has querido hacer.

Aceptar el envejecimiento y disfrutarlo. Sé realista, ya no tienes 20 años, pero esto no significa que no puedas disfrutar. La vejez es un escalón más en la vida donde la experiencia y la sabiduría afloran, acepta este nuevo rol.

Sigue aprendiendo. No pierdas nunca la curiosidad. Lee libros o revistas, participar en debates o incluso puedes aprender a utilizar internet o iniciarte en las redes sociales. Diversas investigaciones sobre música, teatro, danza, escritura creativa y otras artes participativas muestran que estas actividades podrían mejorar la calidad de vida y el bienestar, desde mejorar las funciones cognitivas, memoria y autoestima hasta reducir estrés y una mayor interacción social.

En resumen:

  • Cuidar su salud física, mental y cognitiva es importante para envejecer saludablemente. Incluso hacer cambios pequeños en su vida diaria puede ayudarle a vivir más y mejor.
  • En general, puedes apoyar tu salud física manteniéndote activa, comiendo y durmiendo bien, y acudiendo al médico con regularidad.
  • Cuida tu salud mental interactuando con familiares y amigos, tratando de mantenerse positivo y participando en actividades que disfrute.
  • Tomar medidas para lograr una mejor salud física y mental puede reducir su riesgo de padecer alguna demencia.

Dentro del taller de espacio abierto pudimos disfrutar de una técnica de relajación con historia, la cual pese a ser antigua no deja de ser efectiva. Os dejamos por aquí algunos apuntes sobre ella y como practicarla.

Este método data del año 1929 y su creador fue Edmund Jacobson. Se basa en la relación entre tensión muscular y los estados psicológicos de nerviosismo o alta actividad mental. Reduciendo al máximo el tono muscular, desactivando así los músculos, podemos conseguir desactivar también el sistema nervioso, lo que conlleva una posterior sensación de calma y tranquilidad.

Se entrenan 3 habilidades básicas: 

1- Percibir y distinguir la presencia de tensión en cada uno de los músculos del cuerpo.

2- Reducir al máximo la tensión presente en los músculos.

3- Relajar diferencialmente los músculos mientras se realizan tareas cotidianas.

Originalmente la técnica se componía de 7 ejercicios de diversos grupos musculares pero en la actualidad cuenta con 4. El objetivo sigue siendo el mismo: Percibir la presencia de tensiones innecesarias y reducirlas, manteniendo normales los niveles de tensión del resto de músculos para realizar la actividad en la que estemos ocupados.

Grupos musculares que se contraen para después relajar:

Grupo I: Mano, antebrazo y bíceps.

Grupo II: Cabeza, cara y cuello. Frente, nariz, ojos, mandíbula, labio y lengua.

Grupo III: Tórax, estómago y región lumbar.

Grupo IV: Muslos, nalgas, pantorrillas y pies.

Indicaciones antes de aplicar la técnica:

1- Debemos procurar quedarnos flojos, sueltos y eliminar la tensión residual que tengamos en el cuerpo

2- Antes de empezar tendremos en cuenta las consideraciones generales de ambiente y ropa antes mencionadas

3- Posteriormente nos sentamos en una posición confortable y cerramos los ojos. Es el momento de olvidarnos de todo y concentrarnos en la relajación

 

Descúbrela, ¡es muy efectiva!